Crónica

Viento de Levante

Nueva demostración de un Barça impotente ante el Levante (3-1). De un club que vive instalado en la Ley del Mínimo Esfuerzo desde hace ya varias temporadas.

 

El Barcelona y el Levante fueron los dos equipos que tuvieron el privilegio en España de tener a Cruyff como jugador en sus filas. Esta efeméride es de lo poco que en este Barça va quedando del cruyffismo, la filosofía futbolística a la que uno debe recurrir cuando suceden esperpentos como el de hoy. Empezando por la alineación inicial, con un equipo sin extremos y sin laterales-de-verdad que hubiera sonrojado al mismísimo Johann. Se fichó a Junior (descartado hoy) como sustituto de Alba y aunque se amagó en la pretemporada con Sergi Roberto en el centro del campo, ya se veía venir que volvería a esta posición a costa incluso de poner al limitado Semedo a pierna cambiada.

Por otro lado, las rotaciones en el medio del campo volvieron a dar entrada a ”el-que-no-es-feliz”. Viene a cuento recordar los centrocampistas que Cruyff fichó o subió al primer equipo en sus 7 años como entrenador del club: Beguiristain, Eusebio, Milla, Laudrup, Guardiola, Goicoechea, Witsche, Hagi, Prosinecki, Roger, De la Peña. Todos ellos tan parecidos a Arturo Vidal (o a Paulinho) como un huevo a una castaña, ahora que estamos en época de ellas. Sobra decir que el Profeta recurriría antes a Aleña, Riqui Puig o incluso a un decadente Rakitic.

La castaña chilena, buen jugador excepto para un equipo que quiera hacer del buen fútbol su bandera, acababa produciendo un apelotonamiento en el medio del campo. Sumado a la ausencia de extremos, nos recordaba continuamente que el club tiene una muy buena sección de balonmano. Se llegó al paroxismo futbolístico cuando la jugada más peligrosa fue un centro del delantero centro, Luis Suarez, para que rematase (mal) el lateral Sergi Roberto. Solo De Jong destacaba en medio del caos, un futbolista que marcará época, no solo en el Barça sino a nivel europeo y mundial. Y ni Don Honesto podrá impedirlo.

Con menos posesión, el Levante pisaba más el área contraria que un espeso Barça aunque, aún sin merecerlo, se adelantó por medio del primer penalti de la temporada a favor. Los defensores del VAR dirán que es consecuencia de la tecnología; los proclives al Villarato que debió ser anulado por fuera de juego previo del Hombre Gris. Messi adelantó a los suyos y con mejor resultado que fútbol, seña de identidad del valverdismo, se fueron los visitantes al vestuario. Allí nadie debió pensar que había costado distinguir qué equipo luchaba por no descender y cuál (teóricamente) aspiraba a la Champions.

Como en Praga o en Dortmund, el anemómetro del resultado indicaba que el equipo navegaba en aguas tranquilas, obviando que este barco está sin timonel desde hace tres años. Y que, estando en Valencia, los vientos de Levante, a pesar de ser más comunes entre mayo y octubre, pueden ocurrir en cualquier momento del año. Y que su intensidad es a veces muy alta. Casi como la de los vientos de otras ciudades costeras. Liverpool, por ejemplo.

En apenas 7 minutos, Campana, Mayoral y Radoja retrataron y dejaron al desnudo todas las debilidades de un equipo siempre desbordado en cuanto el rival aumenta la intensidad y la velocidad del juego. En medio del vendaval, había salido un chaval de 17 años a intentar salvar los muebles. Si no todos, al menos la mesa en la que el Hombre Gris decía que se sentaba pese a que su única acción destacable fue una pared con Messi que él mismo invalidó por fuera de juego. El Arda Turan francés ya no solo no suma sino que ahora resta y dejó en el limbo el que hubiera sido el mejor gol de la tarde, con D10S regateando a dos contrarios sin tocar el balón. Esas cosas de genios.

Sin embargo, lo peor aún estaba por venir. Con 25 minutos por delante para intentar rescatar algún punto, las mejores ocasiones siguieron siendo para los locales. El 4-1 se veía más cerca que el 3-2 ante un Barça impotente: vive instalado en la Ley del Mínimo Esfuerzo desde hace ya varias temporadas y dedicó los últimos minutos a coleccionar amarillas, hasta 7. El viento de Levante ha traído nuevamente el olor a podrido de un equipo que apesta a Galacticismo. Que apesta a tardofrankismo (última época de Frank Rikjaard). O que, simplemente, apesta.