Crónica

Ansufatización

El juvenil del Barça sigue su fugaz escalada hacia la élite. En su debut como titular en el Camp Nou tardó dos minutos en marcar. Poco después regaló otro. El Valencia paga el peaje de su convulsa semana (5-2)

Antes de que al Valencia le hubiera dado tiempo a hacer algo bien, mal o regular, el marcador ya señalaba un 2 a 0 por obra y gracia de la conexión entre dos chavales. O mejor dicho, entre un chaval y un niño. De Jong para Ansu Fati: gol. Ansu Fati para De Jong: gol. La recomendación de Camacho a los canteranos sobre “tirar puertas abajo” debe ser muy parecido a lo que hizo el hispano-guineano en los 5 primeros minutos de partido. Minutos que, curiosa y probablemente, no habrían existido de haber llegado el hijo de O’Pai desde París. Cosas de los universos paralelos.

La ilusión de la culerada ante esta aparición fulgurante empieza a ser directamente proporcional a la preocupación de Dembelé. Solo comparable a cuando se queda sin wi-fi o le cierran los servidores de la PS4.

Es difícil no deslumbrarse ante la caída tan cercana de un relámpago: dos goles en sus dos primeros partidos con el FC Barcelona y con tan solo 16 años. Si jugara en el Real Madrid, probablemente la caverna mediática ya lo estaría comparando con Messi. No es una exageración: los más jóvenes no creerán que hubo un tiempo en que se llegó a ensuciar la imagen de D10S haciéndole compartir portada con Robinho. Por ello, como buenos culés ochenteros, se hace necesario poner un poco de calma. Que Ansu Fati define, tiene más visión de juego, regatea y elige mejor que Vinicius es evidente: pero también lo hacían Babangida, Bojan, Gai Assulin, Giovanni Dos Santos, Munir y hasta Deulofeu. Denle 14 meses. 14. Johann.

Tras la ansufatización que marcaría el resto del partido, el Valencia recordó que la temporada pasada había sido un rival más que incomodo (ni una derrota en tres partidos). Pese al abuso en posesión y ocasiones azulgranas, avisó con dos oportunidades seguidas. A la tercera, con VAR mediante, Gameiro puso el 2-1. Pero la previsible incertidumbre con la que se llegaría al descanso no fue tal, porque en lo poco que va de temporada este Barcelona muestra dos caras muy opuestas en casa y fuera. Y esta vez se jugaba en el Camp Nou. Y se jugaba, además, con un centro del campo con Busquets, Arthur y De Jong. Cruyffism Seal of Approval.

Sin embargo, el tercer gol no llegaba. Bien porque el atrevimiento que le sobra a Ansu Fati le falta a Carles Pérez. O bien porque El Hombre Gris no acaba de encontrarse cómodo en la posición de 9. Por suerte para los de Don Honesto, Cillessen decidió hacer un último servicio a su antiguo club: un error de los que no cometía de azulgrana dejó un rechace fácil para que Piqué marcase a puerta vacía. Un gol que certificaba que el Valencia ya no iba a ser el de la primera parte. Del consecuente monólogo blaugrana se aprovechó Luis Suárez: con apenas un minuto en el campo y en su segundo contacto con el balón, hacía el 4-1. El gesto del uruguayo haciendo una X con las manos tras marcar el gol, lo habrá agradecido su primer entrenador en el club.

Los últimos minutos del partido sirvieron para anotar algunas conclusiones: primero, que para jugar de 9 hay que nacer con ese número en la espalda. Y Luis Suárez lo tiene tatuado desde la primera hasta la última vértebra de su espina dorsal. Y segundo, que tal vez la defensa también necesite de una ansufatización: siete goles en contra en cuatro partidos hacen que en la memoria se mantengan frescos los recuerdos de París. De Turín. De Roma. De Liverpool. El debut en Champions del próximo martes, fuera de casa, se presenta como una buena piedra de toque.