Crónica

Metempsicosis en el Sadar

El Barça primero remonta y luego se deja empatar. Ansu Fati sigue viviendo un sueño y se estrenó como goleador azulgrana. Roberto Torres, estrella local.

 

La metempsicosis es una antigua doctrina filosófica griega basada en la triple constitución del ser humano (espíritu, alma y cuerpo) que afirma el traspaso de ciertos elementos psíquicos de un cuerpo a otro después de la muerte. Dicho en otras palabras, una de las formas de reencarnación. Por ello, la semana en la que Fernando Torres anunciaba su retirada, la metempsicosis traspasó su puntería ante el Barça a otro Torres, Roberto. Si Fernando Torres afinaba su puntería en cuanto en el calendario asomaba un partido ante el Barça (11 goles en 17 partidos) el delantero del Osasuna se convirtió en el protagonista de un partido que para los rojillos se puso de cara desde el minuto 5 con su volea para hacer el primer gol de la calurosa tarde.

Era la culminación a unos minutos trepidantes de presión osasunista. Que el equipo local saltase al campo como si se estuviese jugando el descenso no debía sorprender a nadie: era exactamente lo que hacía el año pasado en segunda. Pero Don Honesto no debió tomar nota ni de la temporada pasada ni de sus dos partidos en Primera porque durante todo el primer tiempo a Osasuna le bastaba una buena presión sobre los centrales para que el Barça no fuese capaz de hacer tres pases seguidos. Nada diferente a lo visto el año pasado en Villarreal o en Liverpool. O la temporada anterior en Valencia y en Roma. Ni rastro de los 90 minutos de intensidad de la semana pasada. Al menos, en Pamplona hizo una tarde calurosa, porque de haberse jugado este partido en Enero Rubén Martínez habría corrido serio riesgo de resfriarse.

Ni un solo tiro a puerta. Ni una jugada hilvanada. Carles Pérez, destacado la semana pasada, se veía imbuido por el espíritu de Isaac Cuenca. La metempsicosis también había afectado por completo a un equipo azulgrana que parecía ser la reencarnación del Cerro Porteño paraguayo, el Deportivo Quevedo ecuatoriano o el Unión Madgalena colombiano. Para quien descubrió que el fútbol de verdad era eso que jugaba el Dream Team, el Ajax de Van Gaal o el Barça de Guardiola, ver jugar a Rafinha y a Sergi Roberto a las órdenes de Valverde solo le hacía pensar si lo que estaba viendo se trataba de aquel mismo deporte.

Mientras, en el banquillo, centrocampistas internacionales, finalistas de la Copa del Mundo y campeones de Copa América, charlaban y veían en sus teléfonos móviles míticas remontadas en El Sadar encabezadas por Ronaldinho, Laudrup y Romario. ¿Sería la rutilante estrella francesa, la que decían que en el Atleti «se buscaba la vida solo para marcar muchos goles» la que se encargaría de protagonizar una nueva remontada pese a su completa ausencia en la primera parte? No, la solución fue un crío de 16 años, que en su primer contacto con el balón empató el partido convirtiéndose en el goleador más joven de la historia del Barça. Si Nasser al Khelaifi no propone antes del lunes un trueque de Neymar por Ansu Fati a pelo es que es que no aún no ha entendido nada de lo que es este deporte.

Tras el empate y jugando tan solo 15 minutos con la intensidad requerida, el brasileño Arthur puso por delante al Barcelona con un magnífico pase a la red, solo para que el equipo se echase a sestear otra vez y perdiese el control. Don Honesto, que ya planeaba su cambio favorito consistente en dar entrada a Arturo Vidal cuando el equipo gana por la mínima y queda poco tiempo, no pudo darse el gusto. La metempsicosis convirtió a Piqué en Bogarde estropeando la remontada con un penalty tan absurdo como evitable. Torres homenajeó a Fernando y puso el 2-2 como aquella noche fatídica de Champions.

Con 1 punto de 6 fuera de casa. Con 5 goles encajados en 3 partidos de liga. Con Ter Stegen aún sin el traje de “Heiliger”. Con Messi sin fecha de reaparición. Con Luis Suarez cumpliendo 33 años en Enero, habrá quien tenga tentaciones tremendistas. Le recomiendo que visualice esta temporada como una montaña rusa donde apenas estamos en la subida inicial. Está bien: han saltado 4 tornillos en mitad del trayecto, a la chica de delante se le ha soltado el arnés y los técnicos de abajo están agitando los brazos y llevándose las manos a la cabeza. No significa nada. El sistema está probadísimo, es super seguro: no vamos a morir. Pero si lo hacemos, confiemos que la metempsicosis nos lleve de nuevo al 2012 para volver a ver fútbol de verdad. Quizá esta vez Torres fallará.