Crónica

Cumplieron los dos

La angustia por no descender pesa mucho más que maquillar estadísticamente un nuevo título liguero.

 

Saltaron los dos equipos a Balaídos con un objetivo relativamente sencillo: para el Celta, ganar a un equipo que no se jugaba nada y que poco se parecía al campeón de Liga (no importa cuándo lean esta crónica); para el Barça, tratar de que ninguno de los que pudiera mínimamente aportar su granito de arena el próximo martes en Anfield se lesionara. Tan sólo Umtiti, Arthur y Dembelé parecían recaer en esa categoría. Para el francés era un partido trampa desde el inicio: si hacía un gran partido y marcaba, se le recordaría que debió hacerlo el miércoles pasado. Y si seguía en la decepcionante línea del último mes, daría argumentos a quienes le culpan de que ha vuelto a las andadas, que sale mucho de fiesta, que se alimenta mal, que juega demasiado a la playstation o, incluso, que hay que empezar a considerar su venta. La posibilidad de incluirlo en el mismo pack de llegada junto a Chutinho cobra fuerza.

Ousmane, siempre tan particular, tiró por la calle del medio: se borró del partido nada más comenzar. Es posible que lo hiciera en el calentamiento. Así que de posible titular o revulsivo el martes pasó a ser baja segura. Las redes comienzan a hacer malabares con su nombre y sus numerosas lesiones bautizándole como DemBalé: las mofas fútbolisticas tienen extrañas piruetas que pueden terminar con goles de chilena en el Wanda. El caso es que, aparte del Celta, quien mejor aprovechó esta circunstancia fue el nuevo canterano que debutó: Alex Collado.

La cara B del Barça, con un medio del campo Aleñá-Arthur-Riqui ENP (El Niño Prodigio), daba pie a meditar por qué para Don Honesto todos ellos tienen ahora mismo la etiqueta de claros suplentes: todo este talento lo desearían varios clubes, no tan solo de Primera División sino incluso algunos mal llamados aspirantes a la Champions League. Meditaciones aparte, el talentoso fondo de armario blaugrana dio una imagen más que correcta en la primera parte, aupados por el pasillo de honor, la ilusión de los juveniles y el excesivo respeto de un Celta que aún no se fiaba de quién estaba en frente y que, por momentos, parecía firmar el empate.

Pero en el descanso Escribá mostró a sus jugadores diversos vídeos de equipos que jugaron contra el Barça en las últimas jornadas de la última década liguera: si sigue esta tendencia de dominio aplastante Tebas deberá incluir algún tipo de penalización por jugar contra los azulgrana en el mes de mayo. El Celta no desaprovechó su suerte en el calendario y comenzó a martillear la portería de un más inseguro de lo habitual Cilessen. Primero, el escudero Maxi Gómez ratificó el gol que le había birlado la tecnología y poco después su comandante en jefe Aspas certificó de penalti lo que el VAR solo había retrasado unos minutos: que la angustia por no descender pesa mucho más que maquillar estadísticamente un nuevo título liguero.

Por parte barcelonista, nada bueno que reseñar en una segunda parte para el olvido aunque las mejores noticias llegaron al final: primero, porque se terminó un partido que a ninguno le apetecía jugar y segundo, porque desde Inglaterra parecían igualar el parte de lesiones. Parece que Salah verá la vuelta de semifinales junto a DemBalé: en el sofá de su casa.