Crónica

El capitán alza su primera copa

El Barça quiso homenajear lo que ha sido su sello de identidad esta temporada: que salga Messi para terminar de solventar el partido.

Con la semifinal europea a la vuelta de la esquina no había nada que objetar a la decisión de Don Honesto de sentar a Messi y a Busquets, dando descanso a unas piernas que llevan 10 años jugando casi 2 partidos por semana. Y de nuevo, para no dar pistas sobre el once titular ante el Liverpool, con Dembelé y Chutinho de titulares. Está tan diferente el francés desde su vuelta de la lesión que ni sus propios compañeros lo reconocen porque en cada jugada de ataque parecían no verlo o evitaban pasarle el balón. Por su parte, Chutinho pese a mostrar una leve mejoría, ha decidido hacer un arte de siempre dar un toque más de lo necesario. La principal diferencia entre él y Arturo Vidal es que el brasileño casi nunca hace lo que se espera de él y el chileno casi siempre. No en vano ha conquistado su octava liga consecutiva porque si se dice de la gente experimentada, que “sabe latín”, han de saber que el segundo nombre de Arturo es Erasmo.

Y pese a la poca efectividad de los dos millonarios fichajes, el equipo presionaba bien, con buena actitud y buen juego por momentos, con hasta siete paradas de Aitor y un larguero antes del descanso. Pero el equipo quiso homenajear lo que ha sido su sello de identidad esta temporada: que salga Messi para terminar de solventar el partido. Y, como siempre, apenas tardó 15 minutos en ratificarlo anotando su 46º gol de la temporada. Si a ello le sumamos sus 22 asistencias no cabe duda que “el quinto mejor jugador del mundo” mejorará su ranking esta temporada.

Champán a enfriar. Alfombra roja. Todo listo para la fiesta de celebración, dado que se consideraba al Levante como un mero convidado de piedra. La expresión, que tiene su origen en la obra de Tirso de Molina El burlador de Sevilla, suele hacer referencia a la persona que no interviene en las fiestas y pasa desapercibido o es ignorado por los anfitriones. Pero hay que señalar que la expresión se ha tomado con el sentido contrario a lo que ocurre en dicha obra, en la que los convidados tienen un especial relieve dramático: no son mudos ni inmóviles. El Levante, conocedor de esta tergiversación de la historia, se convirtió en la estatua viva del Comendador de Calatrava y asustó al Barça, lo que sirvió para recordar la otra seña de identidad de este equipo: que tiene a Der Heilige MATS en la portería. Es evidente que una liga cuasi-sentenciada no tiene nada que ver con la Champions League, pero el zarandeo del Levante durante 20 minutos dejó un pequeño poso de preocupación. Ni Mané es Bardhi, ni Salah es Morales.

Pero la obra terminó según el guion previsto: se encendieron las luces de neón y bajo la atronadora ovación del público, el capitán Messi —quién si no— alzó por primera vez la copa para brindar por “su” liga. Diez ligas en 15 temporadas, algo que ningún aficionado culé hubiera creído en pleno gaspartismo. Hasta el advenimiento del Messias.