Crónica

Con Messi no hay dudas

Hay ausencias que son en sí mismas presencias. Y si la ausencia se llama Messi, la que se hace presente es la duda. Del latín “dubitare”. Palabra vinculada a “duo”, dos. De vacilar entre dos cosas: de si el equipo será capaz de resolver el partido sin ÉL o de si tendrá que salir nuevamente como salvador.

Catorce años viendo a D10S deberían ser más que suficientes para inclinar la balanza hacia la segunda opción pero lo cierto es que la primera cobró fuerza en la primera parte. El equipo dispuesto por Don Honesto, quien parece que le va cogiendo el truco a las rotaciones (Vermaelen, Aleñá), salió algo frío, acaso contagiado de la meteorología y la visión del cemento de la media entrada, pero se fue calentando con la intensidad de los de Pellegrino: cinco faltas cuando apenas se llevaban ocho minutos de partido. Sin embargo, la mejor manera de entrar en calor fue recurrir a Dembelé: el francés lleva varias semanas on fire, echando mano de términos baloncestísticos. Para los que tuvieron (me incluyo) serias dudas con él, solo queda argumentar que estaban fundamentadas más en su cabeza que en sus cualidades futbolísticas, ambas igual de imprescindibles para rendir en un club del más alto nivel. Tal vez la próxima vez que le achaquemos su antojadiza cabeza a un joven futbolista, debamos hacer una pausa y recordar cómo la teníamos nosotros con 20 años. Y sin una cuenta corriente de varios ceros. Como inspirado por el reciente aniversario del nacimiento de Muhamnad Alí, Ousmane “voló como una mariposa y picó como una avispa” para capitalizar todo el ataque azulgrana de la primera parte, incluido el pase a la red que puso el 1-0.

La duda sobre si, ante la ausencia de D10S, hay que darle los galones a Dembelé o a Chutinho no es tal: el brasileño fue, nuevamente, la otra cara de la moneda. Sobre el carioca también sobrevuelan las sospechas, más que en su técnica, sobre su bloqueo mental para liderar un gran equipo. Argumentos como venir como un Top 5 de la Premier, siendo el mejor jugador de aquella liga varios meses, es fácilmente desmontable para los que miren con recelo lo que viene de las islas británicas: Cazorla recibió varias veces ese premio y, recientemente, Mancini, Pellegrini o Ranieri campeonaron allí. Que Don Honesto sacrificase el buen partido de Aleñá frente a su mediocre actuación, solo cabe interpretarlo en clave de confianza por recuperarlo como ya lo hizo con Dembelé. El (injusto) cambio del canterano vino propiciado en gran medida por el empate de Braithwaite, buen pelotero danés y ejemplo de que, a veces, el mercado de invierno puede funcionar. Aunque viendo a Chutinho no lo parezca.

Dembelé insistió en seguir siendo el protagonista y a su liderazgo le sumó una inesperada y fortuita lesión que sirvió para que volviésemos al punto de inicio: tal y como la experiencia messiánica nos indicaba, la duda se inclinaría por la segunda opción. Tan solo cinco minutos necesitó Messi para enviar un “testarazo” a la escuadra. O al menos, así lo dibujó en su cabeza, donde no contaba con el paradón de Cuéllar. Tuvo que llegar Luis Suárez a remachar el gol. Y al portero pepinero. Si lo hizo antes o después de que ambos chocaran es una duda que ni el VAR nos resuelve. Pero de algo no quedan dudas y esto sí que es impepinable: al mejor jugador del mundo le bastaron 25 minutos para decantar el partido y sentenciarlo a pase de Jordi Alba, su socio habitual. Ocho goles en los últimos seis partidos que sirven para seguir agrandando nuestras dudas: ¿Ganará su décima liga? ¿Levantará su quinta Champions como capitán? ¿Logrará el Balón de Oro, la Bota de Oro y el Pichichi por sexta vez? No lo duden.