Yoyalodije

Recordando a Lucendo

Valverde salió con una defensa con cuatro jugadores que no habían jugado nunca juntos. ¿Qué podía salir mal?

Don Honesto escuchó los cantos de sirena que le reclamaban al Rey de Copas dar excesiva importancia a esta competición en las últimas temporadas. Tras cuatro campeonatos seguidos, se argumentaba que esto suponía un sobreesfuerzo invernal que después se pagaba con un bajo rendimiento en las eliminatorias de Champions. “¡Rotaciones!”, pedía el pueblo. Pero el concepto de “rotar” que Valverde tiene en su cabeza no consiste en ir cambiando un jugador en cada línea y de manera progresiva. Así que, pasó de no dar ni los minutos de la basura en Liga a los canteranos Chumi o Miranda, a meterles a jugar de repente contra los experimentados Boateng, Rochina, Morales o Mayoral. Por si fuera poco, su acompañante en el eje de la defensa fue un recién llegado descarte del Valencia. Una defensa con cuatro jugadores que no habían jugado nunca juntos. ¿Qué podía salir mal?

La frágil memoria del entrenador culé le hizo olvidar que hace menos de un año, en este mismo campo, ya había improvisado una defensa plena de suplentes: su equipo llegó a ir perdiendo 5-1. Cerca estuvo de repetirlo. El Levante salió a dejarse la vida y aprovechó todas las carencias defensivas culés: Cabaco, Mayoral y Boateng se bastaban para dejar a los chavales en evidencia y solo las paradas de Cilessen dejaban la eliminatoria abierta. Acaso los peores minutos que se han visto desde la era Gaspart, porque si lo de la defensa solo cabía calificarlo de esperpento, tampoco tenía justificación la actuación de un centro del campo y un ataque en el que se alineaban, en teoría, jugadores de clase mundial. Jugadores con más experiencia que, si hubiesen tenido el control del partido, la imberbe defensa lo habría agradecido. Valverde completó su “lucendada” señalando clara (y feamente) a los jóvenes como culpables del desaguisado. Si Cruyff le puso la cruz a un canterano de nombre Lucendo tras 90 infaustos minutos en Valladolid, su aprendiz pensó que no debía ser menos que el maestro y dobló la apuesta: se cargó a dos canteranos en la mitad de tiempo.

Párrafo aparte merece el jugador más caro de la historia del Barça: Philippe Coutinho Ferreira, alias Chutinho. Si algún aficionado del Barça se pregunta qué hacer con este jugador, que se siente a hablar con algún amigo filomerengue y que éste le explique lo que se sentía temporada tras temporada con Kaká. El brasileño fue el más claro ejemplo de alguien que, ante la oportunidad de demostrar al entrenador que se equivoca poniéndolo en el banquillo, entra al partido como si fuera un amistoso de pretemporada. Terminó siendo el jugador con más balones perdidos. Nada extraño pues, pese a no ser titular, ya que es el jugador de la plantilla que más balones ha perdido en lo que va de temporada. Con esta competencia, los acomodados titulares pueden estar tranquilos.

Tan mal se puso el partido para los barcelonistas que el 2-0 hasta se daba por bueno y remontable (Messi mediante) en la vuelta. Más aún cuando Mayoral fallaba sólo ante Cilessen el que hubiera sido un (casi) definitivo 3-0. Y minutos más tarde, de nuevo el portero holandés salvaba los muebles a una bROMA de equipo. Sin embargo, al menos uno de los suplentes de los suplentes se rebeló contra su destino: Denis Suárez. Con apenas 20 minutos por delante, salió y activó a su equipo, desbordando en cada balón que llegó a sus pies hasta forzar un penalti en una gran jugada personal adornada con dos magníficas fintas. Cuando Chutinho se dirigía a lanzarlo tras su horrendo partido, afirmaría que muchos culés deseaban más clamorosamente que nunca que un jugador suyo fallase un penalti si eso hubiera significado ponerle el lacito de vuelta a la Premier. Si Kaká volvió al Milán, quizá el Liverpool lo acogería de nuevo en su seno. Pero no, el impredecible fútbol no quiso premiar el gran partido del Levante y el pésimo lanzamiento del peor jugador sobre el campo dejaba la eliminatoria más cerca del Camp Nou. Y Chutinho se queda. Miranda y Chumi no.