Lluvia de Regalos

La segunda parte lo confirmaba: el rocoso Getafe, que solo había recibido cuatro goles en casa, le hacía la vida imposible a la versión B del Barcelona.

 

Siendo 6 de Enero, como todo día de Reyes que se precie, tenían que llover regalos del cielo de Madrid. El primer autonombrado Rey Mago de la noche fue un impostor: el Rey Arturo (Vidal) quien, para hacer felices a los barcelonistas, les quiso traer como regalo el recuerdo de aquella absurda cesión bombeada de Sanchís a Buyo en Tenerife 92. Una especie de carbón dulce. Para suerte del chileno, Ter Stegen maneja los nervios mejor que el de Betanzos.

El siguiente regalo cayó en el área del Getafe: para desgracia de los locales cayó cerca de los pies de Messi. Acostumbrado él a llenar de regalos a los aficionados al fútbol, decidió ocupar por una vez el puesto de niño: corrió por el pasillo azulón, llegó al salón del área pequeña, abrió el paquete y junto a su bota se encontró con su regalo más repetido: ni calcetines, ni coches de juguete, sino otro gol en liga. Aunque lo tenga casi 400 veces ya, sigue siendo un niño al que le ilusiona tanto el último como el primero. Exactamente eso, el primero del Barça en este 2019. También marcó el último del 2018. Y el primero del 2018. Y el último del 2017… Ya saben lo que es este Barça del alfa y del omega rosarino. El Rey Mago del fútbol cambió durante unos minutos el rumbo de un partido que, hasta ese momento, recordaba demasiado a las últimas visitas del Barça a Madrid y alrededores, ya fuese a Leganés o a Vallecas. Tomó el control del partido junto a un gran Arthur y se dedicó a repartir regalos en forma de asistencias hasta que, tras un balón despejado por la defensa del Getafe, cayó del cielo un nuevo regalo rematado con una violenta y perfecta volea por Luis Suarez.

Pero bien es sabido que en este día tan señalado, hay regalos para todos. Así que, antes del descanso, también del aire le cayó el suyo al Getafe: un esférico surca los aires para que un Ángel (no podía ser otro) le cediese el gol a Mata. Una señal inequívoca de que, conforme se terminaba el día, el influjo del único Rey Mago en el campo empezaba a dejar de sentirse.

La segunda parte lo confirmaba: el rocoso Getafe, que solo había recibido 4 goles en casa, le hacía la vida imposible a la versión B del Barcelona, esa que incomprensiblemente pierde el control del partido y que se está viendo en demasiadas ocasiones esta temporada. Los regalos de turno corrieron esta vez a cargo de la defensa azulgrana, especialmente de Jordi Alba, y de los delanteros locales que desperdiciaron varias ocasiones claras, sobre todo la de Mata a puerta vacía. Probablemente algunos jugadores azulones se olvidaron poner sus botas en el salón la noche pasada, así que no hubo más regalos. Las consabidas galletas y leches que se recomienda dejar a sus majestades de Oriente no solo no se las olvidaron sino que se las trajeron al Coliseum, especialmente Cabrera, que se libró incomprensiblemente del carbón tras su tremenda “galleta” a Suarez.

Finalmente, con un traje más de faena que navideño, se quedó el Barcelona con tres puntos de oro (empate del Atleti), incienso (empate del Sevilla) y mirra (derrota blanca) para abrir el último regalo de la noche: campeón de invierno. Como en 11 de las últimas 13 temporadas.