“Las cosas buenas tardan en llegar… por eso yo siempre llego tarde”

Una pintada callejera sin firma reproducía la frase: “Las cosas buenas tardan en llegar… por eso yo siempre llego tarde”. A estas horas queda claro que la pintada no era anónima sino que la realizó Ousmane Dembelé (quizá en una de sus noches de insomnio) y a quien ya sólo le falta marcarse un Allen Iverson en una rueda de prensa y cuando alguien le critique por llegar tarde a una sesión matutina soltar un: “Pero si es solo un entrenamiento”.

Tras su enésima falta de indisciplina, Don Honesto decidió no castigar (más allá de la multa económica) al extremo francés y le incluyó en un once inicial lleno de oportunidades: para que los canteranos Miranda y Aleñá comiencen a memorizar un himno que a buen seguro se aprenderán, para que Arthur volviese a xaviear como antes de la lesión y para que Munir confirme que no tiene absolutamente ninguna motivación por luchar por el puesto de Luis Suarez. Ousmane, por su parte, respondió a su entrenador como mejor sabe hacer esta temporada: con goles. Nueve ya esta temporada. O más bien ocho goles y el golazo de la noche: tras birlarle el balón al inexperto Walker-Peters al que después le saca tres metros por cada dos que corren, deja sentado a Winks con un recorte a la altura de un gobierno comandado por el FMI para finalmente batir por bajo a Hugo Lloris. Algún malintencionado argumentará que, con dos horas menos de entrenamiento, es normal que estuviera más fresco. Veamos la botella medio llena: cuando luce esa frescura al francés se le empieza a poner cara de Samuel Eto’o.

Todo lo contrario que a Chutinho, espeso y desaparecido durante 44 minutos para terminar la primera parte con una jugada de crack que casi acaba en gol. Y tres cuartos de lo mismo en la segunda parte para volver a deleitar con una jugada de lujo que acabó en el palo ¿Suficiente? Tal vez en un partido intrascendente como el de hoy. Mal día para coger confianza cuando, además en el otro equipo llevaba la batuta un danés, de apellido Eriksen, que bien podría, e incluso debería, ocupar su lugar. Si el director deportivo del Tottenham entiende español castizo se lo digo bien claro: a pelo.

El otro nombre propio positivo del partido fue el de Cilessen. Sin duda, el mejor portero (suplente) del mundo. El holandés le negó el empate a los ingleses una y otra vez con varias paradas messianicas que hacen difícil entender que haya decidido continuar una temporada más en el banquillo cuando varios equipos de Champions tienen dificultad para cubrir ese puesto. Solamente queda sentir pena hacia el bueno de Jasper por haber coincidido en tiempo y lugar con el gigante MATS. Sus numerosas intervenciones, especialmente en la segunda parte, fueron consecuencia de la excesiva relajación de sus compañeros y el ataque desesperado de un Tottenham obligado a apretar el acelerador al recibir las noticias que llegaban de Milan y que lo dejaban fuera de la Champions. A cinco minutos del final, una buena jugada de Kane por la izquierda terminó con un centro a Lucas Moura para que el brasileño fusilase a Cilessen. La solicitud para erigir una estatua en la Piazza del Duomo en honor a Jasper ya ha sido cancelada.