Yoyalodije

Gràcies Xavi

Xavi se va o al menos eso parece y cuando alguien que me ha hecho soñar y disfrutar tanto se va retumban en mi memoria, canciones antiguas, aquellas que oía de niño o no tanto en viajes en el coche paterno, en transistores que hoy parecen primitivos y en cintas alegremente sustituidas en la actualidad por cd, dvds, mp3, 4 o mil, yo que sé…

El caso es que hay tantas canciones que suenan a despedida que uno no sabe con cual quedarse, desde la tradicional y sevillana “Cuando un amigo se va… algo se muere en el alma” al mítico “Adios Muchachos” de Gardel pasando por aquellas tan insistentes y/o persistentes de Perales que decían en tardes de estío aquello de “Hoy estoy buscando la mejor manera de decirte adiós” o el no menos inequívoco “..Y tu te vas que seas feliz.. te olvidarás de lo que fui y yo en mi ventana veré la mañana vestirse de gris…” hasta el inefable “Y se marchó y a su barco le llamó libertad…

De todas ellas podía haber escogido por calidad y por gusto musical, aquella de otro de mis ídolos como es Joan Manuel Serrat, para decirle adiós a Xavi, con ese verso impactante del noi de Poble Sec que sonaba a que nada volvería a ser igual “Cuando me vaya” o que imaginaba el vacío con aquello de “Y ese día dulce melancolía has de arrugarte junto al hogar, sin una astilla para quemar… cuando me vaya, cuando me vaya” y hubiese acertado.

Sin embargo hay otra canción que me resulta especialmente evocadora para el caso, porque tal vez, solo tal vez, que Xavi se vaya, implica el fin de una época que igual, y conste que no lo deseo no vuelve nunca… Me refiero a aquella de Alberto Cortez que decía “Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras” para seguir con aquello de “Cuando tú te hayas ido con mi dolor a solas evocaré este idilio y aquellas dulces horas… Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras”.

Porque esa es la cuestión con Xavi Hernández Creus, los barcelonistas y los aficionados españoles a esta cosa del balompié hemos vivido sin lugar a dudas un enorme idilio y las más dulces horas que habíamos podido soñar y existe un temor, quizás no del todo manifestado de que ahora que se va nos envuelvan esas sombras de la mediocridad que nos hacen otra vez humanos después de haber sido eternos.

Xavi se va del Barça, al menos eso parece y se va, también parece, de la Selección Española, supongo que es ley de vida, pero no deja de dejar en el alma ese poso, de lo que parece irrepetible, porque Xavi, ha sido el alma, el punto de apoyo y el mando en plaza de una forma de entender el futbol, que no solo asombró al mundo, sino que lo cautivó de una forma que yo nunca antes había visto y que solo estaba al alcance, según los libros de historia del Brasil de Pelé, el Madrid de Di Stéfano o el Ajax de Cruyff, con la diferencia no solo de la extrema competencia de los tiempos actuales, del aumento del nivel físico, sino de que en este caso se juntó la gloria a nivel de club con la de selección nacional de una forma cuasi mágica e irrepetible.

Muchos me dirán que contribuyeron otros como sus compañeros en el Barça, desde el todopoderoso Messi al indomable Etoó pasando por el káiser Márquez el Mago Ronaldinho o el competitivo Deco o aquellos que unieron vestuario blaugrana con el rojo de España como Iniesta o Puyol o Busquets o Pedro o el propio Villa o aquellos que fueron igualmente claves en el éxito de la selección nacional como Casillas o Ramos o Silva el propio Torres.

Otros atribuirán gran parte del mérito a los entrenadores ya se llamen Guardiola, Del Bosque o Luis y estarán en lo cierto, pero para mí la clave de todo, nació en Terrassa un 25 de enero de 1980, el día que Maria Mercé lo trajo al mundo y sin saberlo tuvo en sus brazos a un niño que un día dominaría el futbol.

Xavi parece que se va, y para desgracia del futbol no ha podido despedirse como seguramente hubiese soñado, ni del Barça ni de la selección española. No voy a entrar mucho en las formas, porque no es momento de cabreo, sino de homenaje, pero si yo hubiese sido tanto el Tata Martino, en el banquillo del Barça como Vicente Del Bosque en el de España, hubiese muerto con él como titular, tanto en el partido ya lejano del Atleti en el Camp Nou como en la más reciente herida del infausto partido de Chile en el Mundial, porque siempre he dicho parafraseando a Ernesto Guevara que es preferible morir con Xavi que vivir de rodillas.

El Barça seguirá su camino con nuevos nombres y nuevas rutas y como gran club que es vendrán nuevos títulos y nuevas magias, es muy posible. La selección espero que también aunque lo veo más difícil, si soy sincero, pues hasta esta generación de futbolistas liderados por el chaval de Terrassa, la que ahora llamamos la roja no había sido más que una eterna aspirante que se estrellaba una y otra vez ante su propia mediocridad y sus limitaciones.

Esa fue la grandeza de Xavi, que junto a otras estrellas que pueden incluirse en el elenco no muy numeroso de leyendas deportivas hispanas como Casillas, Iniesta o Villa lo cambió todo y nos hizo, esta vez sí, primera potencia futbolística del mundo.

Por todo ello ¡Gràcies Xavi! Hace un tiempo y anticipándome a un final que aún no había llegado y que parecía todavía lejos, le escribí este poema, que mejor momento para repetirlo y recordarlo, porque todos algún día diremos con nostalgia…

YO VÍ JUGAR A XAVI HERNÁNDEZ

Cuando pase el tiempo y nos cubran las cenizas,
y del campo verde retumben los sonidos…
de un pasado glorioso de afanoso toque,
y se juegue al balón otra vez en la calle…
Mientras cubra la lluvia un paraíso perdido…
cuando roce la vida el devenir del tiempo,
y las fosas habiten deliciosos paisajes.
Cuando todo sea nada y añorado recuerdo…
cuando nada sea todo en caminos desiertos….
cuando peinen las canas nuestras piernas livianas
y se peine hacia atrás la mirada furtiva…
Cuando todo lo escrito nos parezca mentira
y se lleve la rambla la nostalgia en la frente.
Cuando el cielo se abra y la tierra se cierre,
cuando llore en la noche la orfandad de goles
y se pueble la puerta de coraje y de furia…
y se olviden del juego los gigantes de lata.
Cuando no quede nadie de menudo tamaño
y cavernas de bilis nos disparen con bala
cuando muerdas el polvo y nos suene la alarma
y nos tuerzan el brazo y nos giren la cara.
Seguiremos jugando con los mitos pequeños…
seguiremos soñando, seguiremos viviendo…
seguiremos tocando, seguiremos muriendo…
Y en la barra de un bar seguiremos contando…
seguiremos hablando, seguiremos diciendo…
Que un día lo vimos, que casi lo tocamos…
Que el balón era suyo, como suyo fue el juego…
Que vino de Terrassa y fue de todo el mundo.
Me preguntarán qué cosas mantengo en mi memoria…
Me pedirán que cuente aquello que haya visto…
Y yo, con voz de viejo y aún alma de niño,
diré que sí, que hubo un día en que todo
por fin se hizo posible:
Aquel de los pequeños que supo ser tan grande
que yo lo vi pasar defensas imposibles
que lo vi traspasar los límites del sueño.

Que un día vi jugar a Xavi Hernández.

Juan Antonio Andújar Buendía