Yoyalodije

¿Hacia dónde queremos ir?

El Barça ganó porque defendió su idea de juego con más esfuerzo y determinación que el resto. Además, esa idea estaba basada en un juego atractivo, basado en el control del balón a través de las ventajas posicionales (que se consiguen moviéndose cada uno hacia los lugares indicados) para propiciar un pase limpio y rápido que mueva al rival hasta desordenarlo y entrar a cuchillo. Esa idea exigía un esfuerzo físico y mental, en su contexto, que los jugadores ejecutaron a la perfección. Estaban en su momento y tenían la voluntad de hacerlo.

El fútbol europeo no estaba preparado para detener a un equipo en esas condiciones, pese a existir. La hegemonía era clara, absoluta. Y es lógico que el resto de buenos equipos en europa se plantee cómo poder parar a un equipo de estas características.

En los años siguientes, al menos en UCL, el ritmo medio de los partidos ha subido notablemente. Partidos muy intensos como esa eliminatoria contra el Arsenal de 2011 apenas se veían. Dos equipos haciendo +115km no era frecuente. Lo normal era ver partidos con un desempeño en la orquilla de los 107-112km de media por equipo. En las últimas tres temporadas, este ritmo se ha subido notablemente. Vemos picos de 126km!!!! Y con jugadores muy buenos y que saben tocarla, como los del Dortmund.

Es posible que este aumento de nivel físico en las últimas temporadas sea una respuesta a la búsqueda de un antídoto anti-Barça, hegemónico e inabordable en partidos que se juegan a una intensidad tipo la de hace 3-4 años. En este sentido existen varias dudas que no han podido aún solventarse.

Por un lado, nuestro rendimiento medio ha bajado. Es decir, existe una merma evidente en el desempeño físico global de nuestro equipo al más alto nivel. No sólo no hemos mejorado como el contexto de la élite europea, sino que hemos disminuido. Nuestros jugadores clave han envejecido mermando su nivel y no hemos sabido renovar o adaptarnos a nuevas exigencias. Tampoco podremos saber si ante partidos de intensidad máxima hoy (120km o más del equipo rival) el equipo de Guardiola de 2011 hubiera podido abordarlo con éxito (116km de pico máximo). Eso ya es especular por especular. No hay manera de saberlo. Por tanto, la brecha, en este sentido se ha ha hecho el doble de grande: porque el resto ha subido y porque nosotros hemos bajado.

El caso es que el panorama actual es el que es, debemos asumirlo e intentar competir lo mejor posible. La otra duda es si nuestra idea hegemónica que culminó a finales de 2013 tiene un tope o una debilidad. Es decir, si nuestro estilo, basado en la posesión, la presión, el control y la rapidez de movimientos y circulación de pelota, tiene un némesis en los equipos de, por llamarlos de alguna manera, “intensidad exagerada”. ¿Es posible competir eficazmente ante ellos? Afortunadamente las pistas nos indican que sí. Ahí tenemos al nuevo Bayern de Guardiola, aunando fútbol posicional con jugadores menos virtuosos con el balón en los pies que los que tenía el Barça. Ahí despuntaron la temporada pasada los kamikazes de Klopp: un torbellino de fútbol, intensidad y juventud con un fútbol, a veces más directo, pero siempre tratando bien la pelota y con jugadores de calidad indiscutible.

¿Hacia dónde queremos ir? Esa es la pregunta. Si queremos tener éxito, necesitamos instalarnos en el contexto actual y no seguir pensando en el de 2011 porque, señores, HA CAMBIADO. Los jugadores siguen siendo igual de buenos o más y, además, corren un km de media más por partido. O nos subimos a ese vagón o nos bajarán por las malas. Quizá aplicando bien nuestra idea no necesitemos hacer 125km como el Dortmund para someter a nuestros rivales, pero seguro que haciendo 102km no vamos a ser competitivos cuando lleguen las fechas importantes.