Yoyalodije

La felicidad no era esto

Hoy, con la música del Punto Pelota de fondo y el Sanderín de El Larguero en el auricular, no estoy para escribir un post sesudo y de verbo cuidado, la verdad. Ni me puedo concentrar ni creo poder expresar en palabras lo que siento en estos instantes, y no van los tiros por dónde ustedes se puedan pensar (aunque un poco sí, venga). No soy alguien que guste de hacer leña del árbol caído, ni suelo dedicar posts a las derrotas del rival, pues considero que es de muy mal gusto y además estas actitudes son irremediablemente de efecto boomerang (baste ver los comentarios de los merengues tras la jornada liguera del fin de semana). Pero hay tres motivos para sentirse muy feliz esta noche, y no tienen nada que ver directamente con el Madrid. Repasemos:

  1. Lo dije en mi post de la semana pasada: cuanto más se exageran los estados de ánimo, más esquizofrénico se vuelve el aficionado de a pie, y me gustará leer las editoriales de los próximos días para calibrar hasta qué punto carecen de criterio nuestros ilustrados periodistas. Un periodismo chaquetero, vendido y forofo, que hace tres días babeaba con los taconazos de Guti, pedía el Balón de Oro para Higuaín, elogiaba el savoir faire de Pellegrini (tras haberlo puesto a parir sin piedad un mes antes) y proclamaba a los cuatro vientos la majestuosidad de la obra florentina. Baste oír lo que se dice esta noche por  las emisoras de las españas para comprobar el giro de 180º que alguno de los tertulianos ha adoptado después del leñazo. Son todos tan ventajistas que me carcajeo oyéndoles pelearse a grito pelado, defendiendo la postura opuesta a la de hace sólo tres días.
  2. ¿Lo de hoy era Platinato? Tras aguantar semana sí y semana también la lluvia fina (o más bien grosera) del Villarato, que justifica cualquier mal resultado blanco o cualquier victoria azulgrana, perdonen si les digo que un poco más y eyaculo viendo cómo caían sin excusa en una competición en la que el Barça no ejerce su poderosa influencia vía alianza con Villar. Ah, claro, que también somos amigos de Platini, y de ahí ese penalty (ejem, ejem) no pitado… En fin, sin comentarios.
  3. Soberbia, soberbia, y más soberbia, o “el dinero no compra la felicidad”. Casi 300 kilos después, se demuestra que los proyectos faraónicos construidos a golpe de talonario por un personaje que ya se fue hace un lustro con el rabo entre las piernas y que regresó al poder mediante prácticas semi-mafiosas (algún día alguien tendrá que preguntarse porqué no se celebraron elecciones el verano pasado), no funcionan. Que el Madrid haya caído eliminado a las primeras de cambio precisamente a manos del Olympique, un club al que le quitaron su máxima estrella pagando a tocateja, justo el día en que estaba lesionado, no puede menos que considerarse un acto de justicia poética. Y que el segundo fichaje más caro de su historia haya salido abucheado y maldecido para los restos (el verano que viene habrá que malvenderlo) es la guinda del pastel. Supongo que ahora irán a por Cesc, Ribéry, Mourinho y lo que haga falta, Caja Madrid mediante… Mención aparte a CR9 y su “en el Bernabéu mandamos nosotros” o a Pellegrini y su “tampoco hay que hacer una remontada épica”. Igualito que Guardiola, vaya.

Pues eso, que hasta aquí ha llegado la superproducción y “el trabajo de tres años hecho en uno”. A ver cómo recuperan ahora la mastodóntica inversión… Sí, claro, queda la Liga, un título menor para mí, pero pintan bastos también en ese terreno si el Barça se pone las pilas. Recuperar el liderato tan pronto a la larga les puede costar caro a los madridistas, pues ahora la presión (¡y qué presión!) es para ellos. Veremos cómo gestionamos nosotros la temporada y una eventual eliminación en la Champions, pero sinceramente no me gustaría estar en el lugar de los blancos de aquí a junio. Así que no, al final se demuestra que la felicidad no era que el cuarto equipo de una depauperada liga francesa se cargara al todopoderoso Madrid, no. La felicidad era el “¡zas! en toda la boca” que se han llevado todos los de la claca mediática y su coro de palmeros florentinos, que en realidad poco o nada tienen que ver con el aficionado vulgar y corriente. Y observar cómo Inda y sus secuaces ya le están haciendo la cama a Pellegrini, lastrando el enésimo proyecto a largo plazo, mientras Relaño sigue justificando lo injustificable mediante confabulaciones paranormales.

En realidad, no nos necesitan a nosotros: para autodestruirse se bastan solos.