Yoyalodije

Paradojas periodísticas

Yo ya no leo el Sport ni el Mundo Deportivo. En serio, no los leo. Bueno, el otro día en el blog del Villarato enlazaron un artículo de Perarnau y ése sí me lo tragué, porque estaba muy bien escrito y además se choteaba con inteligencia de las conspiranoias de Relaño, pero por lo general son dos periódicos que obvio la mayor parte del tiempo. Será que me va la vena dura o que soy un bicho raro, pero las únicas páginas electrónicas deportivas por las que paseo habitualmente son el As y el Marca, sobre todo cuando nosotros arrasamos -cosa harto frecuente en los últimos tiempos- o a los blancos les va de pena -cosa también habitual últimamente-. Al principio me justificaba con lo de que el Marca online es la mejor web polideportiva a nivel informativo (lo cual es cierto), pero no sé a quién pretendía engañar si todo el mundo sabe que a mí el básket, la F-1 o los toros me apasionan tanto como las canciones de Sabina, o sea nada.

Admitamos pues que lo que me mueve a pasearme indefectiblemente por territorio enemigo es, sin duda, mi desarrollado sentido del morbo, combinado con un cierto sentimiento de vergüenza ajena al leer a los que en teoría son de mi bando. Y me da a mí que no soy el único, la verdad. Porque claro, uno se deja caer por la prensa merengue después de una victoria apabullante del Barça buscando no ya el reconocimiento al eterno rival (algo que al final empalaga, sobre todo si el elogio no es sincero) sino los berrinches que salen de la rabia y la impotencia, y que obligan a sus autores a escudarse en teorías paranormales para intentar restar mérito a nuestros héroes. Como decía Perarnau en su artículo, en el fondo esto nos gusta y nos motiva, y si algún día pasamos por la acera de Roncero y no oímos la palabra “Villarato” reverberando por todos lados nos sentimos algo decepcionados.

Aunque como decía también hay algo de vergüenza ajena al repasar a los columnistas que en teoría defienden a los nuestros. Vergüenza y, por qué no decirlo, también rabia porque a la que nos enzarzamos en una discusión con un merengue sacando los colores de la prensa madridista somos plenamente conscientes de que no tardará ni tres segundos en lanzarnos a la cara un “¡y tú más!” Y con razón, porque mientras los Carazos y Mascarós de la vida sigan campando a sus anchas por nuestros periódicos con argumentos propios de patio de colegio, me parece a mí que tendremos que tragarnos muchas reprimendas a sabiendas de que en todas partes cuecen habas, y algunas de las nuestras están más que podridas.

En realidad lo más curioso es observar cómo, en el bando madridista, la situación es simétricamente opuesta a la nuestra. Basta con darse un garbeo por “La Libreta de Van Gaal”, blog teóricamente imparcial pero más blanco que la leche, para comprobar cómo la fauna autóctona merengue tiene el comportamiento justamente contrario: ellos se recrean con los panfletos de Nolla y Casanovas, y alguno confiesa (con la boca pequeña, eso sí) que hace tiempo que dejó de leer a la mujer barbuda. Luego hay quien aún se escuda con lo de que Don Alfredo es el periodista más imparcial del imperio, argumento que claramente denota que quien lo formula hace tiempo que no asoma la nariz por su columna. Es decir, que ellos también sienten vergüenza de los suyos.

Lo cual nos lleva, queridos lectores, a la paradoja periodística de que cada bando termina imbuyéndose de las doctrinas de las plumas enemigas, dejando a las propias en dique seco. Y yo me pregunto: ¿son conscientes Relaño y Roncero de que en realidad escriben para la masa culé? ¿Tendrá idea nuestro amigo Carazo de que el mayor número de hits que recibe su sección provienen de la capital del reino? ¿Qué cuernos está pasando aquí que parece que estamos inmersos en un mundo al revés? Será por eso, digo yo, que un medio que diga las cosas claras como este recién alumbrado Diario Yoya se revela como algo imprescindible y necesario en el actual panorama informativo azulgrana. O eso, o cogemos todos la trompetilla y el gorro de papel y nos ponemos a cantar lo de La Cabra, que diría Basté.